“Madre de Mi Madre”
Le Pregunte a María en varias noches de desvelo y búsqueda:
- ¿Qué debo hacer? ¿Quién soy yo para acceder a algo más que transitar, solamente, por este mundo? ¿Siento que hay algo más en la vida… qué es? ¡Necesito saberlo, Necesito ser Útil!
Y una madrugada decidió responderme tiernamente
- A pesar de que hay millones y millones de personas son sólo muy pocos los que se acercan a María y a Jesús. El mundo entero es/está, desagradecido por la vida que Dios Todopoderoso nos dio, entregando a su Hijo Jesús y a Su Madre para la reconciliación eterna.
- Pero ¿Por que me respondes a Mi? ¡quién soy yo más que un mero pintor pecador? ¿Acaso puedo yo alegrarte? ¿Acaso puedo yo hacerte llorar de alegría?
Y Dulcemente dijo:
- Qué buen padre y qué buena madre no se pone contento porque su hijo regresó a su casa? Cómo no llorar cuando a todos quieres ayudar y te ignoran; cómo no llorar por la falta de amor de una humanidad perversa y egoísta; cómo no llorar cuando el pecado avanza a pasos agigantados, el hambre, la miseria, las guerras, la envidia, el rencor, la avaricia…
Todo aquél que llama a la puerta del Señor, con amor le será abierta y gozará de todos los privilegios celestiales.
- Pero yo, un miserable ciego que solo ve con los ojos de la cara, ¿Cómo podría yo hacer algo por la Madre del Crucificado?
- La oración y el amor compartido con los demás endurecerá tu fe como una roca. Abre tu corazón y deja que el Señor entre en ti, deja que obre en ti, pide perdón por ti y por todos y habla de mi sin vergüenza. HAZME PARTE DE TI. COMPÁRTEME CON LOS DEMÁS. Tengo mucho amor para dar, bolsas de consuelo y de Paz, tengo alegría para que todos sonrían, tengo pañuelos para secar sus lágrimas, tengo fuerza para alzarlos en mis brazos, tengo a Jesús para soportar el dolor.
Ustedes no traigan nada. Sólo vengan a su Madre que los está esperando con los brazos extendidos en la puerta del cielo junto a Jesús. Haremos una gran fiesta. Están todos invitados. Abran sus corazones, oren, oren, sin cesar.


